Como el Principito yo tambien tengo mi "mundillo", inmundillo por demás, pero donde refugio en el humor y algunas banalidades personales la carga del día a día. Bienvenido!!!

Sunday, April 18, 2004

UN PASEO E’ OLLA

(Relato de ficción Criolla)
Era domingo y el sonido de los buses que recorren de Norte a Sur la avenida Quinta de Cali, entró por mi ventana como un oso gruñendo de hambre, logrando despertarme antes de las 7 de la mañana y aunque lo intente varias veces, di mil vueltas, apoye un pie en el piso frío y lancé unos cuantos madrazos al cielo, no pude dormir más.
Decidí levantarme y meterme de una vez en la ducha, ya no podía mirar atrás, un tedioso domingo me invitaba a vivirlo intensamente. Mientras disfrutaba de las delicias del agua y la poca espuma de un jabón chiquito (típico de un apartamento de soltero), oía como el teléfono sonaba varias veces. Al salir del baño, dicho aparato sonó nuevamente y esta vez si contesté, era “Teo”, un amigo, con el cual no hablaba hacía tiempo.
Con mucho entusiasmo, indagó sobre mis planes para ese domingo, a lo que respondí: “Cuente pues, que hay pa’cer ???”, él, en tono muy seguro me invitó a un paseo con un amigos del trabajo prometiéndome diversión, alcohol y la compañía de unas “amigas”. Yo me imagine tomándonos unos tequilitas en una hermosa hacienda digna de la revista Jet-Set, con unas cuantas niñas dignas de la Playboy, bronceando sus hermosos traseros, así que ni corto ni perezoso acepté tan amable oferta.
El punto de encuentro era Unicentro por la Avenida Pasoancho, como me quedaba cerca tuve tiempo de terminar de vestirme y salir al encuentro con la naturaleza. Llevaba poco esperando la caravana cuando vi acercarse un furgón motor diesel de cabina metálica, colgado de la puerta como tula de guajiro pude reconocer a Teo, su enclenque figura, se distinguía a kilómetros, solo pasó un segundo y de sus pulmones salio un afónico grito desesperado que decía “…Ténganlooooo”. Con dificultad el furgoncillo logro frenar como a 80 metros obligándome a correr tras él. Lo que encontré en su interior me revelaba que mi sueños de paseo sabanero estrato ocho caían a un abismo sin fondo.
Habían 12 personas, sin contar los tres de adelante. Dos ancianas, tres señoras que gritaban en cada curva, un muchacho que no hizo sino renegar todo el viaje, tres niñas inmamables, un niño llorón, “Teo” y su amigo Nelson (El Anfitrión) quien ya estaba borracho. La mayoría estaban sentados en sillas Rimax blancas, y el resto agarrados de todo lo que encontraban. Llevaban una olla tan grande que en su interior contenía un baúl de madera, dos canastas de Poker (Gracias a Dios), papas, yucas, tres bolsas de supermercado con víveres, ropa, toallas y una gallina viva que asomaba su lánguido cuello tímidamente. Las cosa que mas me angustiaba era la tía Fanny, una vieja coqueta que no hizo sino tirarme los perros todo el viaje y “Peluza” un horrible french Poodle negro que también me tiraba pero a morder.
Llevaban con ellos además, una grabadora gigante de doble casete con calcomanías, una pelota de pasta, una hamaca y más bolsas con platos y utensilios. Yo no sabía ni como agarrarme y dado mi gran problema de vértigo decidí sentarme en el piso lejos de la puerta.El viaje duro aproximadamente 35 minutos, que parecieron como tres horas al verme intimidado por la mirada amenazante de “Peluza”. Llegamos a una quebrada sin nombre, muy cerca de Puerto Tejada, lo que mis ojos observaron al salir de esa cabina me dejaron atónito, eran como mil personas regadas a lado y lado en un pequeño trayecto de río que no superaba los 200 metros.Ya entregado a esta aventura salté del camión para ayudar a bajar a las señoras, incluyendo a la tía Fanny, quien salto a mis brazos con entusiasmo exclamando que yo era todo un caballero, una vez todos estaban abajo, Don Hugo conductor y propietario del furgón, se acercó saludándome fraternalmente pidiendo así mismo la cuota de $15.000 que incluía transporte, almuerzo y trago.Con todas las cosas en su sitio, las señoras pelando papas, los niños jodiendo con unos palos, y la cerveza sumergida en la quebrada, Teo y yo, decidimos reconocer el área y en ese momento el paseo se convirtió en un estudio antropológico de la cultura colombiana, un banquete visual lleno de contrastes y sensaciones:Un señor con pantaloneta “narigona” de color azul aguamarina y su prominente abdomen con la cicatriz de 15 cms de longitud que reía constantemente, una señora que gritaba histérica a sus hijos por que pasaban a su lado mojándola, dos ancianas rezando el rosario, una con un vestido de baño negro de boleros, la otra con una batola gigante multicolor, el niño “biringo” que lloraba mientras lo bañaban con totuma y lo estregaban con jabón Rey, algunos borrachos dormían, otros se dedicaban a cortejar a las jovencitas que pasaban por su lado, unos sonrientes otros enojados pero eso sí…..bien borrachos, coincidencialmente todos se llamaban John algo, No podía faltar los que lavaban su bus, automóvil o motoneta, o la señora que juagaba pañales azotándolos contra las piedras. Habían niños que salían de todos lados como ratas y niños “ratas” que fueron aprehendidos por un policía que estaba de descanso ese día, vagos, hippies con guitarra y todo, dos metaleros que hacían con su grabadora mas ruido que todos los niños juntos, un club de la tercera edad de veraneo, soldaditos en licencia, vendedores de “cholao” y empanadas con guizo, además de un simpático señor ofreciendo una cabeza de toro cebú, por demás barata, incrustada en un tablón. Mujeres de todo tipo y alguna que otra de varios tipos, peliteñidas, gordas, bonitas (todas con su “machuque” al lado), viejas y jóvenes, y así mismo era variado el casting de los hombres.La verdad la pase bién, la gente estaba contenta y eso es lo importante, tuve tiempo para todo, dormí, bebí, comí y hasta le charle un buen rato a la tía Fanny. Llegué hace un rato a mi casa y ya que terminé de escribir esto, me dispondré a bañarme en leche de magnesia como me lo recomendó la mamá de Nelson, el amigo de Teo, ya que me quemé hasta el c… Queda.